Margarita se acercó a la puerta y la abrió.
—Soy Margarita —respondió la mujer, su voz suave y melodiosa—. ¿Y tú? ¿Qué te trae a este lugar?
—¿Quién eres? —preguntó el hombre, su voz baja y ronca.
Diego asintió con la cabeza y entró en la casa. Al hacerlo, sintió que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.
—Bienvenido, Diego —dijo—. Esta es mi casa. Aquí podrás encontrar las respuestas que buscas.

